Mi proceso de inserción en Filipinas
Publicado por Antonio Salas en Misión, Testimonios el 3 de Septiembre de 2009 | 1 comentario
Comenzar de nuevo, iniciar una nueva vida es algo que jamás había previsto, simplemente no lo había planificado en mi vida. Creo yo, en mi humilde entender que nadie lo haría en su sano juicio (ja,ja,ja…), porque es mas simple seguir el camino hacia adelante, mirar al frente y esforzarse por alcanzar nobles ideales, metas, proyectos cortos, etc.Actualmente, habiendo pasado las tres décadas de vida y alcanzando casi la cuarta, estoy intentando, cada día, aprender un nuevo idioma (Cebuano) pero lo difícil no sólo es aprenderlo, lo más complicado es, hacerlo en otro idioma que tampoco he estudiado a plenitud (Inglés). Entonces cuando estoy en clases de Cebuano y la profesora de Gramática al concluir la clase pregunta: ¿Klaro? (han entendido la clase), yo respondo con mi cara apoyada sobre la palma de mi mano derecha… walay klaro para kazako (nada esta claro para mi) (ja,ja,ja…)
Sin embargo, el Espíritu de Dios se hace presente. ¿Recuerdan a Moisés? aquel que vivió en un majestuoso Palacio de Faraón, pero que, luego tuvo que compartir la arena del desierto con las ovejas que ni siquiera eran suyas. Pues bien; cuando Yahvé lo llamo también le envío a su hermano Aaron para que hablara en vez de Moisés, porque éste era tartamudo.
Al llegar a la Escuela de idiomas, tuve la suerte de encontrar a un Seminarista de la Congregación de los Maristas quien me ha brindando su ayuda cada día, pero, además me permitió entrar en su Comunidad.
También conocí allí, a una religiosa del vecino país de Venezuela que domina muy bien el inglés, de manera tal, que es precisamente ella, quien me traduce las clases, no en su totalidad, pero me ayuda lo justo, lo necesario como para avanzar. Y es que Dios nunca te resuelve el problema, sólo te da las herramientas y las personas que necesitas. Eso precisamente me ha brindado a mí durante estos dos meses y medio que llevo en Las Filipinas.
Hace poco, visite a una familia y pude notar como he ido avanzando en el idioma. Honestamente no sé, como hacia para hablar, pero las palabras brotaban simplemente, yo no se si ese es un milagro, pero de lo que estoy seguro es, que fue una linda manifestación del Dios que nos acompaña, de aquel amigo que me llamo y me envío a esta tierra lejana, pero de gente muy generosa y acogedora.
Al principio, cuando llegue, recuerdo que todo era muy divertido, pues la gente no entendía lo que hablaba, entonces tomaba todo muy a la ligera; pero al pasar los días, sentía que no me podía comunicar con nadie, entonces llegaron los deseos de conversar, de ser comprendido, de expresar mis sentimientos… pero lamentablemente no podía. Fue entonces que nacieron en mí, sentimiento de cólera, de impotencia, ganas de no querer seguir… Pero allí, cuando sientes que estas muy sólo, es cuando el Señor comienza a actuar.
Comencé a hablar con la señora que vende el mango en la esquina, con los niños que salen de la escuela, con algunos vecinos, con las chicas que atienden en los supermercados… etc., etc., etc. Y además de comenzar a hablar el Cebuano, hice buenos amigos.
Definitivamente estoy casi seguro que no llego siquiera al 1% del aprendizaje del idioma, pero doy gracias a Dios que ahora tengo lo suficiente para comunicarme. Puedo entonces decir, que estoy volviendo a nacer. Estoy intentando aprender a hablar, estoy tratando de asimilar el gusto de las comidas que no se parecen en nada a la cocina peruana, intento dialogar en una fiesta donde normalmente bailaba.
Se que con ayuda de Dios todo se logrará.
Antonio Jesús Salas Villagomez
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Un saludo grande, soy de Perú actualmente vivo en la zona de Marilao, mi esposa es de este país Filipinas, me gustaria tener contacto con ustedes. Hasta pronto.